JOURNAL AFRO UMBANDISTA
Umbanda una Religion sin Misterios al Servicio del Pueblo

Buenos Aires, 27 de septiembre de 2002   Numero 1

CIENCIA HOY

Volumen 11 - Nº 65- Octubre/Noviembre 2001
Umbanda

Alejandro Frigerio

Universidad Católica Argentina-CONICET

La influencia de los esclavos africanos sobre la cultura americana no ha tenido el reconocimiento que merece. En la mayor parte de los países sudamericanos de habla hispana se desestima su papel histórico y presencia actual. Sin embargo, es posible descubrir sus huellas no solo en los tipos físicos de gran parte de la población mestiza americana sino, también, en variadas formas de música, religión, folklore y vocabulario del continente. En el área religiosa, las creencias y prácticas africanas han ganado últimamente una aceptación creciente por parte de individuos que no descienden de antiguos esclavos. En el Brasil –foco de su irradiación al Cono Sur– estas religiones que, primero, eran patrimonio de los grupos negros pasaron, luego, a estar presentes en gran parte de los sectores populares y, en los últimos veinte años, llegaron a ser practicadas por individuos de cualquier raza y clase social. La religiosidad afroamericana es el movimiento religioso autóctono más vigoroso del continente, según lo prueba la expansión de algunas de sus variantes, como la santería cubana, a los Estados Unidos y al resto de Latinoamérica.

Las religiones afroamericanas resultan de la mezcla de cuatro elementos: las religiones africanas traídas por los esclavos (especialmente por los Yoruba de la actual Nigeria y los Ewe de los actuales Benin y Togo); el catolicismo traído por los españoles y portugueses; el espiritismo creado por Allan Kardec en Francia a mediados del siglo XIX y rápidamente introducido en América, y, en menor medida, las creencias de los indígenas americanos. La diferente combinación de estos cuatro elementos, y el predominio de uno o algunos sobre otros debido a particularidades históricas y sociales de cada país, produjo diversas variantes regionales: la santería y el palo monte o mayombe (Cuba); el vudú (Haití); el shango (Trinidad y Granada) y las numerosas formas afrobrasileñas (el candomblé de Bahía, el tambor de minas de Maranhão, el xangô de Recife, el catimbau o catimbó de la Amazonia, el batuque de Porto Alegre y la umbanda que, nacida en Río de Janeiro, se esparció por todo el país).

En la Argentina, las religiones de origen africano sobrevivieron, por lo menos, hasta 1893, año en que José Ingenieros describió una ceremonia denominada bailar el santo, a la que asistió llevado por una mujer negra. Pero con el tiempo esas religiones se fueron esfumando, por lo que su presencia actual en el país se explica por su introducción desde el Brasil y, en menor medida, el Uruguay, a partir de la segunda mitad de la década de 1960. Durante los años 70 tuvieron un crecimiento lento y silencioso, que se aceleró y volvió visible a partir del retorno del régimen constitucional en la década de 1980. Actualmente, algo más de 400 templos que practican religiones de origen afrobrasileño se hallan inscriptos en el registro nacional de cultos no católicos. El número exacto de templos es imposible de determinar. Muchos tienen una existencia fugaz y otros son meros lugares de consultas privadas que no ofrecen los servicios de un templo. Estos movimientos religiosos parecen concentrarse mayoritariamente en sectores sociales bajos bonaerenses.

La mayor parte de los templos de Buenos Aires practica dos variantes de religiosidad afrobrasileña: una más ortodoxamente africana, el batuque de Porto Alegre, y otra con mayor presencia de elementos católicos y espiritistas, la umbanda. En Buenos Aires, ambas variantes conforman distintas etapas de un mismo camino religioso. En este, que los practicantes denominan la religión, la umbanda se concibe como un escalón espiritual hacia el batuque, lo cual se ve reflejado, en la práctica, en el hecho de que quienes quieren adherir a un templo son casi invariablemente iniciados en la umbanda y socializados en la cosmovisión y prácticas de esa variante, para luego de un año o dos, entrar en el batuque. De esta manera, la umbanda, por sus conceptos y prácticas influidas por el espiritismo y el catolicismo, funciona como un puente entre el catolicismo popular porteño y un batuque más africano.

Por lo común, los individuos se acercan a los templos en busca de solución a problemas de salud, trabajo o sentimentales. Generalmente los llevan amigos o parientes que han asistido al templo y creen haber encontrado soluciones en consultas privadas de adivinación al líder religioso (el pai o la mãe de santo), en charlas con los guías espirituales, en sesiones de caridad de umbanda o en trabajos espirituales.

En la cosmovisión de la religión, los elementos doctrinarios de origen espiritista constituyen la matriz sobre la que se apoyan ciertos conceptos de origen africano. Las tres ideas básicas que estructuran la visión del mundo de la religión en la Argentina constituyen, también, la espina central de la doctrina espiritista: la creencia en la evolución de los espíritus, en la reencarnación y en el karma o ley de causa y efecto.

El mundo espiritual de los practicantes de la religión consiste en una escala de entidades espirituales con distinto grado de evolución espiritual. En el ápice de esta escala está Dios (Olorun u Olodumare en idioma africano). Olorun crea el universo pero luego se desentiende de su creación y deja el funcionamiento del mundo en manos de los orixás (deidades africanas). Cada orixá tiene dominio sobre un elemento de la naturaleza o de la actividad humana. Según algunos practicantes, los orixás (Bará, Ogum, Xapaná, Odé, Ossain, Xangô, Iemanjá, Obá, Otim, Nãnã, Oxum, Iansã y Oxalá) serían mensajeros de Dios; según otros, serían partes constituyentes de Olorun. Debajo de los orixás se encuentran las entidades o guías espirituales de umbanda, los caboclos (espíritus de indios) y los pretos velhos (esclavos viejos, para los umbanda). Por debajo de estas entidades de luz habría otro grupo de espíritus, los exus y pombas giras, espíritus menos evolucionados de hombres y mujeres de mala vida, que serían amorales y podrían practicar tanto el bien como el mal de acuerdo con los pedidos de sus devotos.

Entre seis y doce veces por año se realizan en los templos fiestas para los orixás. En ellas los devotos que hayan pasado por varios rituales de iniciación, mediante invocaciones bailadas y cantadas en idioma africano pueden recibir en su cuerpo a dichos orixás africanos. De esta manera las deidades se hacen presentes en el mundo de los vivos. Una vez por semana se realizan sesiones de caridad de umbanda, en las que los médium entran en trance y reciben a los espíritus de caboclos y prêtos velhos. La función principal de estas sesiones es que los espíritus den consejos a los devotos que buscan su ayuda. Usualmente una vez por mes se realizan sesiones de exus y pombas giras, en las cuales estos seres de bajo desarrollo espiritual buscan evolucionar ayudando a los devotos en sus problemas cotidianos. En todas estas ceremonias, y para reponer la energía (axé) que los seres espirituales utilizan ayudando a los humanos, se les realizan ofrendas materiales. En el caso de los orixás y de los exus (no así en el de las entidades de umbanda) se les puede entregar, entre otras, sangre y vísceras de animales faenados en rituales religiosos. La carne cocida de esos animales (de granja, nunca domésticos) es consumida por los fieles durante las fiestas.

El sacrificio de animales constituye el principal estigma de la religión para la sociedad argentina. Por su énfasis en la posibilidad de solucionar problemas cotidianos mediante rituales religiosos, los líderes frecuentemente son considerados brujos y sus prácticas pierden el carácter religioso y son consideradas hechicería o magia. Esto crea una mala imagen pública para la religión, aunque lleve gente a los templos en busca de las soluciones prometidas.

 Alejandro Frigerio: Doctor en Antropología, Universidad de California, Los Angeles, profesor de los programas de maestría y doctorado en Sociología, Universidad Católica Argentina, e Investigador Independiente del CONICET

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